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CLARIFICACIÓN   N°9   16/6/18

de dudas personales.
 

Pregunta: ¿Qué hacer con el desagrado que provoca la intervención de un compañero en el trabajo que estoy desarrollando?

Reforzando la atención en la música es mucho menos peligroso que nos enojemos por lo que hacen o no hacen nuestros compañeros.

Se puede entender que las dificultades que nos aportan nuestros compañeros son las que nos templan verdaderamente en nuestro trabajo.

Siempre que se acerca un compañero nos da trabajo, nos exige recalcular lo que nosotros estamos haciendo en sintonía con lo que el compañero trae.

Si un compañero me inmoviliza es donde más uno tiende a sentirse con derecho a enojarse.

Es necesario distinguir que nuestro trabajo nos es tierra fértil para psicópatas, ya que quedan en evidencia inmediatamente. Entonces, recordando esto, podemos entender que el que me inmoviliza es porque aún no tiene conciencia de que está inmovilizando a otro. Las dos partes tienen responsabilidad en cualquier situación de la clase. Es responsabilidad del que se siente inmovilizado expresar su incomodidad tratando de no perder su concentración en la música.

Aumentando la concentración en la música que está sonando puede sortear los mecanismos de defensa con mayor facilidad y puede permitirse “Jugar el personaje que aparezca”, sin juzgarlo.

Es posible que muchas veces uno necesite enojarse, es algo válido.

Después de muchas veces de haberse enojado puede surgir la idea de que está en uno vivir cada situación como única e irrepetible.

Cuando despertamos al valor de que “lo que se manifiesta en los cuerpos” es sin artificio, podemos deslumbrarnos de la posibilidad de aprendizaje que nos aportan nuestros encuentros.

Toda prueba que aparezca durante la clase, es la oportunidad de vernos en una respuesta que puede o no satisfacernos.

Nuestra práctica multiplica las posibilidades de responder, unidos a una propuesta en común de intentar “expresar una música”.

Si realmente algo me molesta, soy responsable de “manifestarlo dramáticamente” para que mi compañero pueda enterarse de mi desagrado. Al manifestarnos olvidando los códigos de educación impostados, llegamos al otro con sinceridad y en forma genuina, logrando a la vez que el Otro pueda conectar nuestra respuesta con su estímulo.

Con el tiempo, nuestra práctica de laboratorio se percibe cada vez más vinculada con nuestra vida de relación o vida social. Lo que aprendemos en el laboratorio se puede descubrir muy vinculado a toda nuestra vida.

Reaccionar está mal visto, como si el hombre lograra ser “Educado” cuando no reacciona. Cuando el hombre no se manifiesta, siempre habrá un meta mensaje por detrás de las palabras.

Cuando el Hombre se deja ser, si está atento, sale lo mejor de él. Asoma su nobleza humana, su humanidad.

Si estamos atentos, podremos dar distintas respuestas.

Siempre nuestras respuestas son a través de un mecanismo más o menos sutil.

La comunicación es una cadena de mecanicidades.  

Uno puede responder indiferente a lo que le molesta o reaccionar como si algo que apenas nos incomoda estuviera amenazando nuestra integridad.

Entre estos dos extremos existe el camino del medio.

 

EJERCICIO

Con música de Enigma.

  1. Uno de los integrantes molesta a los otros.

  2. 2 integrantes molestan, fuera del ritmo de la música

  3. Todos interfieren a uno solo

  4. Distintas combinaciones donde a veces uno recibe la incomodidad y a veces la ejerce.

Se comprueba que si uno está muy atento al ritmo de la música “nada ni nadie” nos puede desconcentrar. Pudimos empezar a ver la “interferencia” de nuestros compañeros como una verdadera oportunidad para ponernos a prueba en sostener las consignas de trabajo.

Vale lo que el Otro nos aporte, cual fuera su estado de conciencia de las propuestas.

 

                                                                                                                        Emilio