Estados Unidos 860 Timbre 3 - San Telmo       Wathsapp 115-338-9700

CLARIFICACIÓN   N°3   17/3/18

de dudas personales.

 

Pregunta: ¿Qué ayuda cuando uno se ríe al enfrentarse a una música con mucho dramatismo?

Siempre fluctuamos en la clase entre nuestra conciencia de posibilidad y nuestra conciencia de imposibilidad.

Así vamos reconociendo la medida de nuestras posibilidades.

Buscamos atrevernos a pisar más allá de la línea que separa lo conocido de lo desconocido. Este trabajo no es para conformistas.

Si me sostengo atento a las fluctuaciones anímicas de las músicas, me permito impregnarme en ellas. Así es posible que pueda movilizar los contenidos emocionales que van aflorando, que van moviéndose del lugar del cuerpo donde estaban acomodados.

Solo una persona sana puede intentar jaquear su “Yo identificado”.

 Se necesita por lo tanto un YO FUERTE.

Para que uno pueda mover su propia estructura se necesita mucha energía. Cada uno tiene que aprender a convertir sus enojos en energía de transformación. La energía del ENOJO es la energía que disponemos para transformar. Si nos aparece el enojo y entramos en ESTADO de ENOJO, es porque no supimos direccionar la energía disponible hacia una nueva POSIBILIDAD de ver y actuar frente a la realidad.

Cuando uno está enfermo, está sin energía. En esos momentos es difícil que se enoje. A veces se reconoce la mejoría de un paciente cuando se enoja por estar en cama!

Es posible viajar por todo el mundo aferrado al yo identificado y llegar a sentir que el mundo es finito.

En cambio el viaje que nos proponemos hacia tantísimas músicas, puede considerarse como un viaje de infinitas posibilidades.

La mente racional (hemisferio izquierdo) debe aprender a conjugarse con el hemisferio de las analogías (el derecho que nos integra con el entorno).  Cuando los hemisferios se amigan, es recién cuando podríamos empezar a vivir sin contradicciones.

Toda forma de manisfestación del SER es a través de una mecanicidad. Se trata en nuestro trabajo de incorporar una mecanicidad donde el hemisferio derecho pueda desplegar su capacidad, y desarrollarla.

El hemisferio racional ordena, secciona y clasifica. Si nos DEJAMOS VIVIR solo por las decisiones que toma nuestro hemisferio izquierdo, nunca podremos permitirnos ver la realidad de una FORMA NUEVA para nosotros. Viviremos encerrados en NUESTRO BANCO DE IMÁGENES, y veremos la realidad comparando con esas imágenes del pasado.

La persona que vive en el presente, se interesa por los nuevos acontecimientos, y valora lo inesperado con pasión. La vida es una sucesión de conflictos que se nos presentan sin aviso. Es una verdadera oportunidad para nuestro SER aprender a disolver conflictos.

Nuestro HEMISFERIO CEREBRAL IZQUIERDO tiene una capacidad extraordinaria para REGISTRAR. Sin registro no hay MEMORIA, y sin memoria… NINGUNA POSIBILIDAD DE EVOLUCIONAR!! 

Viviríamos repitiéndonos incansablemente en nuestras equivocaciones.

Se trata de ocupar el hemisferio cerebral Izquierdo para lo que fue diseñado,  desarrollar su capacidad de PERCIBIR. Si logramos percibir con mayor detalle LAS VARIACIONES de las músicas, estaremos desarrollando una capacidad de concentración, de MEDITACIÓN en la ACCIÓN!

 

EJERCICIO

 

Se dividen en dos grupos. Con distintas músicas, prestan atención para describirlas.

  1. Tratan de “Adivinar” como va a seguir la música escuchando los primeros acordes.

  2. Se ubican en “la plástica” de donde es la música y describen los estados anímicos que promueve.

  3. Toman del que más facilidad tiene para cada género musical.

  4. Se enfrentan a la dificultad de diferenciar la escucha del ritmo físico del ritmo emocional

  5. Intentan expresar solo la emoción de la música, reconociendo movimientos más ondulantes y lentos, cuando aparece una orquestación melódica.

 

Sin perder el buen humor, pudieron vivir 6 distintas músicas y describir donde se alojan en el cuerpo, que trasmiten emocionalmente y SOBRE TODO, como el ritmo físico tiene independencia del ritmo emocional dentro de cada uno de los distintos temas.

 

                                                                                                                        Emilio