Cultivamos el sentido de la escucha.

Interactuamos lúdicamente desarrollando personajes que nos permiten ver y ampliar nuestras respuestas.

Es un juego de improvisación de personajes de la vida cotidiana.

Para poder dialogar los personajes deben poder escucharse.

Se pone a la vista la identificación personal con ciertos mecanismos que se creían propios y originales.

Solo en un grupo sano es viable un juego tan liberador de nuestras ataduras a “formas de respuesta condicionadas”.

¡Todos estamos igual de expuestos e igual de agradecidos!